Biblioteca Popular José A. Guisasola


Lecturas


Recreación

Dios suspiró. Estaba cansado. Hacía mil millones de años, cuando era más joven y ambicioso, la idea de crear un Universo no le había parecido absurda. Ahora se arrepentía. El emprendimiento había escapado a su control. No podía acordarse más ni de cuántas lunas tenía Saturno. Estaba, definitivamente, envejeciendo.

Miró alrededor de la mesa de reuniones. Su presencia allí era dispensable. Como Director—Presidente, tenía la última palabra, pero las decisiones las tomaba su asesoría. Aquellos jóvenes tecnócratas pensaban que tenían respuesta para todo. Querían hacer Su proyecto más moderno y dinámico. Pero trabajo de verdad había sido el Suyo. Había creado todo literalmente de la nada. Cuando ellos ni siquiera habían nacido. Pero paciencia. Necesitaba acompañar los tiempos. Ordenó que empezaran los trabajos, vetando la propuesta del asesor de RRPP de que todos se uniesen en una oración. Odiaba a los chupamedias.

— ¿Cuánto tiempo tardará la Recreación? — preguntó.

El coordinador del proyecto dudó. El Viejo, como siempre, quería respuestas sencillas y directas. Con Él era todo luz, luz, tinieblas, tinieblas. Pero las cosas ya no eran tan sencillas. El Director de la división de obras intervino.

— Tenemos que hacer un análisis de costos. Luego un organigrama, un fluxograma, un…
— Yo hice todo en seis días — interrumpió el Director—Presidente. Y solito. Sólo descansé el domingo. En mi tiempo no había semana inglesa.

Allí venía Él con sus reminiscencias. Nadie negaba su importancia. Pero el tiempo de los pioneros ya había pasado. Ahora era el tiempo de los técnicos. De los gerentes. De los especialistas.

— Creo que deberíamos empezar cerrando la Tierra — arriesgó el Director Financiero.

Aquél era un asunto delicado. El Viejo tenía una predilección especial por la Tierra. Incluso por cuestiones familiares. Pero Él se quedó en silencio. El Director Financiero prosiguió:

— Creo que la Tierra ya dio lo que tenía que dar. Todos sus recursos están agotados. Ya no es rentable. No hay como recuperarla. Debemos acabar con ella antes de que comprometa a todo el Grupo.

— ¿Quieres decir sencillamente... liquidarla?

— Eso es. Dudo que algún otro grupo quiera comprarla. Incluso un grupo árabe. Nuestro representante allí, el Papa, recibiría una indemnización, claro. O lo traeríamos acá. No veo mayores problemas. Y tendríamos qué deducir del impuesto a la renta...

El asesor de RRPP mostró alguna preocupación.

— En términos de imagen quedaría mal.

¿Por qué? — preguntó el Director de Planificación e Investigaciones. Ya eliminamos millones de otros planetas, algunos mucho más grandes. No pasa un día sin que disolvamos una estrella.

— No sé, no sé...

— Administrar un Universo es un proceso aético, mi amigo. Tenemos un proyecto que cumplir, metas por alcanzar. No podemos estar preocupándonos por cada planetita...

— El problema es el tipo de colonización elegido para la Tierra — observó el Director Financiero, mirando de reojo al Viejo. Desde el inicio, con la pareja aquella, se podía ver que no iba a funcionar. Muy ingenuos, sin iniciativa...

— ¿Y qué tal si se rehace la Tierra en otros moldes, más empresariales? — sugirió el asesor de RRPP. Días más largos, para aumentar la productividad y bajar la natalidad. Una nueva inyección de petróleo...

— Olvídalo — dijo el Director Financiero. La Tierra no tiene más remedio. Fue muy mal administrada. Está quebrada. Sólo estaríamos prolongando su agonía, con subsidios. Propongo el cierre.

La propuesta fue aprobada por mayoría. Pasaron a discutir el formato que tendría el nuevo Universo. La idea era aumentar la centralización, acabar con la expansión constante para facilitar la administración y cortar los costos de mantenimiento...

En la cabecera de la gran mesa el Viejo parecía dormir.


Luis Fernando Veríssimo


Fuente consultada: http://www.eldigoras.com/



Caricatura de Márcio Turini



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